Con el paso del tiempo, muchas de las leyendas que marcaron a la Península de Yucatán comienzan a desvanecerse en la memoria colectiva. Una de las más conocidas es la del tesoro enterrado, un relato transmitido por generaciones y que aún persiste entre algunos habitantes.
De acuerdo con la tradición oral, la madrugada del 3 de mayo, fecha asociada a la celebración de la Santa Cruz, es un momento clave para estar atentos a señales inusuales.
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En particular, se menciona la aparición de un pequeño fuego en algún solar o terreno, el cual, según la creencia popular, podría indicar el sitio donde yace un tesoro oculto.
Benjamín Canul relató que muchas personas de su generación crecieron escuchando esta historia como parte de las tradiciones ligadas a esa fecha.
Aunque reconoce que se trata de un fenómeno inexplicable, señaló que dentro de la leyenda se considera un suceso posible en esa noche especial.
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Según estos relatos, en tiempos antiguos era común que las personas enterraran sus pertenencias de valor para resguardarlas.
Con el paso de los años, surgió la creencia de que, en determinadas fechas, estos tesoros se manifiestan mediante señales como pequeñas llamas o resplandores, interpretados como el momento en que se quema el oro.