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Yucatán

La leyenda de la Virgen de Mamita que sobrevivió a la persecución religiosa en Yucatán

Inventarios históricos, fotografías antiguas y tradición oral alimentan el relato sobre las imágenes de la Virgen de la Asunción veneradas en Mama y Pustunich.

La Virgen de Mamita y su misterioso viaje de Mama a Pustunich
La Virgen de Mamita y su misterioso viaje de Mama a Pustunich / Especial

Una antigua leyenda, con tintes históricos, se ha conservado en la memoria colectiva en lo que respecta a la imagen de origen de la patrona de la comunidad, la afamada Virgen de la Asunción, conocida como Nuestra Señora de Mamita, en alusión al diminutivo con que se nombra al pueblo.

Se dice que fue vendida a Pustunich por unos hombres y unas maestras que, aprovechando la ola de persecución religiosa y su autoridad civil, lograron vender este valioso bien patrimonial. Se dice que por esta acción ellas recibieron el justo castigo.

El maestro Óscar Chablé, custodio de la Asunción del pueblo de Mama, comentó: “Es una leyenda muy bonita y, a la vez, misteriosa y enigmática, porque nos habla de que la imagen primitiva ahora está en otro pueblo, pero lo cierto es que tanto Mama como Pustunich son devotos a la Virgen. Esta leyenda no divide, sino que nos une en fervor; todo debe ser enfocado en este punto de unidad y de paz”.

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La leyenda dice que tres personas, cuyos nombres de dos se recuerdan como Mauricio Fuentes y Rey Chablé, apoyados por ciertas maestras que vivían en una casa de piedra localizada en la plaza principal, vendieron la imagen de la Virgen a ciertas personas de Pustunich.

La Virgen fue atada a un caballo y a rastras se le condujo a dicho pueblo, mientras que sus vestidos fueron enterrados en un paraje cercano al pueblo llamado Tecab.

Al descubrirse dicha acción, los pobladores enfrentaron al sacristán y este dijo que la Virgen de allí no era la original del pueblo de Mama, lo que tranquilizó a los inconformes.

Por este sacrilegio recibieron castigo divino Mauricio Fuentes, quien fue comido por los gusanos; su casa, ubicada frente a la iglesia, confesaba con pena haber vendido a la Virgen.

En este domicilio se conserva en pública veneración una fotografía de principios del siglo pasado, que es el testimonio visual de que de verdad se realizó esta venta.

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En tanto, a Rey Chablé, por descuido, un caballo lo arrastró, tal como había atado a la imagen de la Virgen. Mientras que las maestras cómplices se fueron encogiendo hasta quedar pequeñas y morir.

Quedando la comunidad sin imagen patronal, se consiguió una que se venera en la actualidad, también ya dotada con el tiempo del especial cariño y predilección de sus devotos. El municipio le tributa fervor en estos días y sus pobladores señalan esta leyenda del cambio de las efigies sagradas.

Es probable que la fotografía expuesta sea el retrato de una de las imágenes de las vírgenes que se veneraban en la iglesia de Mama.

Según los inventarios del siglo XIX, había dos Asunciones y una Inmaculada Concepción, y para la persecución religiosa, con toda la confusión reinante, una versión clara señala que la Virgen de Mamita fue protegida por los devotos, siendo pasada de casa en casa.

Permaneció largo tiempo bajo custodia en el hogar de don Juvences Hernández, decidido defensor de la imagen de la Virgen.

En el caso de la de Pustunich, corresponde a una antigua imagen colonial. Existen datos de su veneración en ese pueblo desde el siglo XVI. Tenía una cofradía de indios en 1782. Para la persecución religiosa de 1916, fue protegida por los señores José Patricio Moo, Eusebio Tilán y Francisco Euan, quienes la llevaron a resguardo en una cueva en el monte, conocido como Cabachén y San Sebastián. Regresó a la iglesia cuando pasó el asedio.

Por varios años salía una comisión de devotos del pueblo de Mama, el 8 de septiembre, quienes iban a visitar a la Virgen de Pustunich, pero ante esos roces cesaron en su empeño.

Dicen los pobladores de Mama que la noche del 14 de agosto se ve en la densa bruma a una hermosa doncella recorrer los caminos, retornando desde Pustunich y dejando su bendición en ambos pueblos, hermanados por la filial devoción.