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Yucatán

Cambios en el clima alteran la floración y agravan la crisis apícola en Yucatán; reportan colmenas casi improductivas y baja en la obtención de miel

De acuerdo con cifras citadas en un estudio, la producción de miel en Yucatán cayó 33.4 por ciento entre el 2010 y el 2020, al pasar de 8,302 a 5,528 toneladas.

Cinco municipios reportan apiarios improductivos por retraso en la floración
Cinco municipios reportan apiarios improductivos por retraso en la floración / Por Esto!

Entre el 2017 y el 2019, un estudio de campo realizado en apiarios del municipio de Mocochá documentó, planta por planta y quincena por quincena, algo que los apicultores yucatecos empezaban apenas a sospechar: las especies arbóreas de las que dependen las abejas para producir miel habían comenzado a florecer fuera de su calendario histórico.

Siete años después, en el 2026, esa advertencia científica se convirtió en crisis abierta. Productores del Oriente y Sur de Yucatán reportaron apiarios “prácticamente improductivos” por el retraso en la floración del tajonal y el huano, en uno de los peores arranques de temporada de las últimas décadas.

El vínculo entre ambos momentos no es casualidad: es el mismo fenómeno, documentado primero con instrumentos de investigación y padecido después en la economía de miles de familias rurales. El estudio de Mocochá dio seguimiento a la vegetación de selva baja caducifolia durante 18 meses –tres meses del 2017, doce del 2018 y tres del 2019‒ mediante levantamientos quincenales de fenología y análisis palinológicos de muestras de miel y polen para identificar qué especies prefieren realmente las abejas.

De 138 especies vegetales registradas en la zona, sólo 61 resultaron de preferencia efectiva, con una inclinación marcada hacia árboles (47%) y arbustos (38%) sobre enredaderas (10%) y hierbas (5%).

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Tesoro de la naturaleza

El hallazgo más revelador involucró al Tzitzilché (Gymnopodium floribundum), una de las especies más valoradas por los apicultores yucatecos, cuya floración anual característica de febrero a marzo marca tradicionalmente la temporada de cosecha en el calendario apícola del estado.

Bajo las condiciones climáticas registradas en Mocochá, el Tzitzilché floreció en noviembre y diciembre del 2017 –de forma adelantada‒ otra vez en febrero y marzo del 2018 –dentro del periodo normal‒ y una tercera ocasión en mayo, junio y julio de ese año, ya fuera de temporada. Una especie que debía florecer una vez al año lo hizo en tres momentos distintos, un comportamiento que los propios investigadores calificaron como ajeno a lo reportado en la literatura científica.

Más especies afectadas

El Tzitzilché no fue un caso aislado. El análisis identificó un grupo de especies –entre ellas Senna racemosa, Senna peralteana, Sophora tomentosa y Leucaena leucocephala‒ que produjeron flores en dos o más etapas del calendario apícola en lugar de concentrarse en una sola, como ocurría históricamente. Senna peralteana y Senna racemosa, en particular, presentaron individuos con los cuatro grados de producción floral durante la etapa de cosecha, un patrón de estabilidad que contrasta con la irregularidad observada en otras especies y que los investigadores señalan como zona a vigilar para el manejo apícola futuro.

Ese desfase, que en el papel científico se leía como una variable ordinal en una escala del 1 al 4, hoy tiene nombre y apellido en el terreno. El presidente de la Asociación Ganadera Local Especializada en Apicultura y Meliponicultura, Gamaliel Canto Dzul, alertó desde mediados de enero del 2026 que la ausencia de floración suficiente impidió el arranque normal de la extracción de miel.

Al retraso del tajonal y el huano se sumó la falta de floración de enredaderas y bejucos durante el otoño previo, lo que obligó a numerosos apicultores a extender por semanas la alimentación artificial de sus colmenas, elevando sus costos justo cuando el ciclo productivo debía comenzar a generar ingresos. Tizimín, Tahdziú, Tekax, Valladolid y Tzucacab concentran el grueso de las afectaciones reportadas.

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Impacto en cifras

El impacto acumulado ya es medible en las estadísticas oficiales. De acuerdo con cifras citadas en el estudio, la producción de miel en Yucatán cayó 33.4 por ciento entre el 2010 y el 2020, al pasar de 8,302 a 5,528 toneladas. La caída se inscribe en una tendencia de más largo plazo: el estado llegó a producir entre 12 mil y 14 mil toneladas anuales en su época dorada, entre el 2008 y el 2012, cuando ocupaba el primer lugar nacional; hoy produce entre 4 mil y 7 mil, y ha cedido el liderazgo a estados como Jalisco y Veracruz.

A la caída en volumen se suma el desplome de precios: el kilo de miel convencional, que llegó a venderse en 60 pesos, hoy se comercializa entre 24 y 31 pesos, según reportes recientes de productores del Oriente del estado.

Los propios autores del estudio de Mocochá advirtieron que, sin un ajuste en las prácticas de manejo apícola que tome en cuenta este desfasamiento, la brecha entre el calendario tradicional y el comportamiento real de la floración seguirá ampliándose. Investigadores que dan seguimiento a la crisis actual coinciden en que la reforestación productiva con especies melíferas –y no sólo la adaptación del calendario de cosecha‒ debe convertirse en política pública prioritaria.

La pregunta que documentó la ciencia hace casi una década y que hoy enfrentan los apicultores en el terreno es la misma: qué tan rápido puede adaptarse una actividad ancestral a un calendario floral que ya no es el que hereda la tradición, sino el que impone el clima.