En el Día Internacional de la Partera, ayer 5 de mayo, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y la Organización Mundial de la Salud (OMS) llamaron a los gobiernos a invertir en la partería como pilar de los sistemas de salud.
Los datos del Inegi sobre Yucatán muestran por qué ese llamado importa: en once municipios de la entidad, la matrona no es una figura del pasado sino la única opción presente cuando llega un bebé.
El promedio estatal dice que las parteras atienden apenas el 0.67% de los nacimientos en Yucatán. Ese número es real pero engañoso, porque promedia municipios con hospitales equipados junto a comunidades donde no existe ninguna alternativa.
En Timucuy –dentro de la propia zona metropolitana de Mérida–, Dzidzantún y Temozón, el único nacimiento registrado en cada municipio hace un par de años (la cifra más reciente) fue atendido por una partera. El 100% de su nueva generación llegó al mundo así.
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En Chemax, el 75% de los 84 recién nacidos dependió de una matrona; en Yaxcabá, una de cada dos. Completan la lista Chikindzonot, Chankom, Santa Elena, Tekom y Tixcacalcupul: once municipios en total donde la partería cubre lo que el sistema institucional de salud no alcanza.
La geografía es reveladora. La mayoría de estos municipios se concentra en el Oriente y Sur de Yucatán, con mayoría de población maya, acceso limitado a clínicas del IMSS o del Issste y largas distancias hacia los hospitales de referencia.
Cuatro décadas de retroceso
La magnitud del cambio es difícil de dimensionar sin los números. En 1985, las parteras atendieron 18 mil 209 nacimientos en Yucatán, el 45.4% del total. Eran el pilar invisible del sistema de salud rural en toda la entidad.
En 2024, que es hasta cuando se tiene registro, esa cifra se redujo a 172 partos, el 0.67% del total. Una caída del 99% en cuatro décadas que no refleja solo el avance de la medicina institucional, sino también el abandono progresivo de comunidades que siguen necesitando a las parteras porque los médicos no llegan hasta ellas.
Los municipios que lideraban el ranking en 1985 –Valladolid con 1,784 partos atendidos por matronas, Tizimín con 1,487, Mérida con 1,145– son hoy apenas nombres en una tabla con números de un dígito.
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El dato que nadie esperaba
En medio de ese retroceso generalizado hay una excepción que llama la atención: Mérida. Mientras los nacimientos con partera cayeron 6.5% en todo el estado en un solo año, en la capital aumentaron 12.9%, de 31 casos en 2023 a 36 en 2024.
En una ciudad con decenas de hospitales públicos y privados, más familias están optando por una matrona. La diferencia con Tahdziú o Chemax es fundamental: en Mérida es una elección. En el Oriente del estado, no lo es.
La OPS estima que una partera bien formada e integrada al sistema de salud puede cubrir hasta el 90% de las intervenciones esenciales en salud materna y neonatal.
En Yucatán, once municipios ya dependen de ese porcentaje. El problema es que lo hacen por necesidad, no por política pública.