Lágrimas, llanto, preocupación y pérdidas materiales: así se encuentra la comunidad de Kilómetro 36 del municipio de Escárcega, donde las fuertes lluvias de los últimos días han ocasionado que viviendas y calles estén bajo el agua, dejando a decenas de familias en una situación crítica que exige una respuesta inmediata de las autoridades. Lo que comenzó como una tormenta más se convirtió en una tragedia silenciosa: hogares inundados, calles invisibles bajo el agua y un riesgo sanitario que crece cada hora.
Las imágenes en el lugar son desoladoras: Calles llenas de agua estancada, en varios hogares el nivel aún no baja y las familias tienen que dormir prácticamente entre el agua contaminada, que se mezcla con lodo, residuos y posibles focos de infección. “No podemos vivir así. El agua entra a la casa, moja todo, y no se va. Tenemos miedo de enfermarnos”, dijo una vecina que carga a su hijo pequeño mientras observa cómo el agua sigue subiendo en su patio.
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Aunque ya llegaron maquinarias como trascabos y manos de chango para realizar excavaciones y abrir paso para que el agua salga hacia terrenos donde no hay casas, el daño ya está hecho. Los vecinos señalan que las alcantarillas fueron tapadas por los trabajos de la carretera federal, lo que impidió el desfogue natural del agua y provocó el estancamiento que hoy afecta a decenas de hogares. “Taparon las alcantarillas. Si no hubieran hecho eso, el agua se habría ido”, reclamó un habitante de la comunidad.
Las personas afectadas con el estancamiento de agua y el daño en sus propiedades esperan que las autoridades en turno tomen cartas en el asunto y les brinden apoyo para recuperar un poco de lo perdido. “Perdimos muebles, ropa, electrodomésticos. Todo está mojado. No sabemos qué hacer. Necesitamos ayuda, no promesas”, dijo otra afectada que muestra cómo el agua llegó hasta la altura de sus rodillas dentro de su casa.
A pesar de que se encuentra trabajando maquinaria para la liberación de los tramos afectados, hay hogares en los que la contaminación del agua estancada continúa siendo un riesgo para la salud. “Hay moscos, hay mal olor, hay gente que ya está enferma. Esto no puede seguir así. Necesitamos que vengan las autoridades de salud, que revisen el agua, que nos den medicinas”, pidió un vecino que teme por la propagación de enfermedades como dengue o infecciones gastrointestinales.
Los habitantes de Kilómetro 36 piden ayuda urgente y soluciones de fondo, pues señalan que el problema se originó porque las alcantarillas fueron tapadas por los trabajos de la carretera federal, lo que impidió el desfogue natural del agua. “No es la primera vez que pasa. Cada vez que llueve fuerte, nos inundamos. Pero esta vez fue peor. ¿Por qué? Porque no hay drenaje adecuado”, dijo un productor agrícola que vive en la zona.
Mientras tanto, la comunidad de Kilómetro 36 sigue luchando contra el agua. Algunos vecinos se organizan para desaguar sus casas con baldes; otros buscan ayuda en redes sociales o acuden a familiares para alojarse temporalmente. “No tenemos a dónde ir. Esta es nuestra casa. Pero no podemos vivir así”, dijo una se- ñora que duerme con sus hijos en una hamaca elevada para evitar el contacto con el agua.
El caso de Kilómetro 36 no es aislado, en varias comunidades de Escárcega y otros municipios del estado, las lluvias han dejado inundaciones que evidencian la falta de infraestructura adecuada y la vulnerabilidad de las zonas bajas. “No podemos seguir viviendo con miedo a cada temporada de lluvias. Necesitamos soluciones permanentes, no parches”, reclamó un líder comunitario.
Mientras el sol se pone sobre Kilómetro 36, el agua sigue estancada y las familias siguen esperando por ayuda.