La certeza de que Everardo Enrique sigue con vida es, por ahora, lo único que la Fiscalía de Quintana Roo está dispuesta a compartir. El fiscal Raciel López Salazar habló este fin de semana de "indicios relevantes" sobre su paradero y de resultados que podrían llegar pronto, pero cerró la puerta a cualquier detalle: nada que pudiera delatar el rumbo de la investigación ni poner en más riesgo al joven de 23 años que continúa sin aparecer.
La revelación llegó en el marco de la conferencia semanal del Gabinete de Seguridad, el mismo espacio donde apenas días antes se había confirmado la desaparición de tres jóvenes en Chetumal.
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Dos de ellos, Jonathan Farid, de 20 años, y Luis Manuel, de 21, ya están en casa. Fueron liberados en días recientes, aunque no ilesos, trascendió que ambos presentaban huellas visibles de golpes, señal de que su cautiverio no fue precisamente pacífico y de que, quienes los tuvieron privados de su libertad, no dudaron en recurrir a la violencia. Del tercero, Everardo Enrique, no se sabe nada, salvo que las corporaciones siguen tras su rastro.
Ese rastro, según fuentes de seguridad, condujo este domingo hasta la colonia Mártires Antorchistas, donde vecinos reportaron ver a distintas corporaciones recorriendo calles y revisando puntos específicos del sector. Nadie ha confirmado si ahí encontraron algo. La búsqueda, dicen, continúa.
Para entender cómo llegaron hasta ahí hay que regresar al 29 de agosto, cuando se denunció la privación ilegal de la libertad de los tres jóvenes, vistos por última vez sobre el Boulevard Bahía. Según reconstruyó la Fiscalía, la noche había comenzado como cualquier otra: un bar, después una discoteca, la rutina de un viernes en Chetumal que, entre la noche del 28 y la madrugada del 29 de agosto, se convirtió en pesadilla.
Dos de ellos viajaban juntos en un auto negro cuando un grupo de hombres armados, a bordo de una camioneta, les cerró el paso. Hubo disparos al aire. Los bajaron a la fuerza y se los llevaron sin que nadie supiera hacia dónde. El tercero, Everardo Enrique, corrió una suerte casi idéntica: viajaba solo en un Ford blanco cuando también fue interceptado y sustraído por hombres armados, en lo que todo indica fue obra del mismo grupo.
Desde entonces, el caso movilizó a la Sedena, la Guardia Nacional, la Marina, la Policía Estatal y la Policía Municipal, que mantienen recorridos y revisiones en distintos puntos de la ciudad y sus alrededores. Es un despliegue considerable para dar con un solo joven, pero también un recordatorio de que, para las autoridades, el reloj corre.
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López Salazar fue claro en un punto: la vida de Everardo Enrique está en riesgo. Lo dijo sin rodeos, aunque enseguida volvió a cerrarse cuando le tocó explicar por qué no puede dar más información. Su argumento es que de hablar de más podría costarle la vida al joven o comprometer el trabajo de quienes lo buscan.
Lo que queda, entonces, es la promesa de que hay pistas, de que algo se sabe que aún no se dice, y de que en los próximos días, según el propio fiscal, podría haber noticias. Mientras tanto, la familia de Everardo Enrique espera junto al teléfono, sin soltar la esperanza, y Chetumal observa un caso que, lejos de cerrarse, sigue abierto y con más preguntas que respuestas sobre quién y por qué se llevó a tres jóvenes de una noche cualquiera de fin de semana.