Entre el viejo camino que une al municipio de Tekal de Venegas con Izamal se ubica una de las curvas más peligrosas, según señalan los viajeros, razón por la cual es llamada La curva del diablo.
El lugar se encuentra enfrente de la antigua hacienda de Sac Nicté y cuenta con una larga lista de accidentes y de sucesos sobrenaturales en su historia, convirtiendo a la vía en un área mortal y de espanto para los conductores que se arriesgan a cruzar por ella.
La carretera cuenta con un inusual número de osarios dispersados a lo largo del camino, como un triste recordatorio de las vidas que se han perdido en el lugar y del peligro que representa esta vía.
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Además de ser conocida en la comunidad como un punto mortal, La curva del diablo también cuenta con muchas historias sobrenaturales que se han suscitado en los montes que la rodean.
Habitantes relatan que, cerca de esta curva, han visto una gran cantidad de seres paranormales: fantasmas de henequeros que se sientan a un costado de la vía, siluetas y sombras extrañas que atraviesan los montes hasta la extraña peculiar de muñecos de barro en las albarradas de piedra que cubren parte del camino.
Alfonso Ek, prestador de servicios de transporte de Izamal, expresó: “Hace unos años hice un viaje a Tekal de Venegas, eran ya más de las 23:00 horas cuando salimos del pueblo vecino. Me regresé solo y, al pasar por la curva sentí que algo golpeo al taxi, cuando miré el retrovisor no pude divisar nada, pero sentí algo raro, como que alguien se acercaba al vehículo”.
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“No lo dudé y le pise al acelerador, al llegar a Izamal revise el coche y no tenía rastros de golpes. Mis compañeros me dijeron que en esa carretera siempre asustan”, relató.
“Años atrás, íbamos mucho a Tekal, mi grupo de amigos regresaba a Izamal siempre de noche. En dos o tres ocasiones vimos a un viejito vestido de blanco con un mandil que se apoyaba en su bastón a un costado de la vía. Lo observábamos de lejos pero cuando estábamos por cruzar para ir a él desaparecía de la vista de todos”, relató Alejandro Sánchez, poblador.
El habitante indicó que otras personas han contado experiencias similares con una mestiza como protagonista, la cual permanece a la orilla de la carretera para mirar pasar a los viajeros.
“En una ocasión, poco antes de llegar a la curva, vi a un muñeco de barro que caminaba sobre las piedras superiores de las albarradas, era algo impresionante. Desde que me pasó eso, cuando noto que me estoy acercando a la carretera comienzo a rezar, de esa forma no se aparece nada”, dijo Edgar Estrella, un habitante.
Un amigo cercano le contó que en algunas ocasiones cuando se encuentra transitando por la curva a bordo de su moto, siente mucho frío y le da la sensación de que alguien o algo lo acompaña.
Las historias extrañas que rodean a esta carretera son vastas, pero lo que es innegable es que es un punto donde se suscitan muchos accidentes trágicos que alimentan el imaginario popular y que, según los pobladores, le dan su justo nombre a La curva del diablo.