La llegada de las lluvias a Yucatán no solo inunda calles y patios. Cada temporada de precipitaciones trae consigo un riesgo sanitario que las autoridades reconocen pero que las familias yucatecas siguen enfrentando sin información suficiente: el repunte de enfermedades infecciosas en las escuelas, especialmente la varicela y los males respiratorios, que circulan con mayor facilidad cuando el frío del agua mojada y el hacinamiento escolar se combinan.
La alerta más reciente llegó desde Tizimín. La escuela secundaria “Miguel Barrera Palmero” emitió un aviso dirigido a los padres de familia solicitando que los alumnos acudieran con cubrebocas y gel antibacterial, luego de detectarse casos de enfermedades respiratorias y de varicela entre estudiantes del plantel. El comunicado, inusual en pleno ciclo escolar, exhibió una realidad que los registros epidemiológicos venían documentando desde enero con números que no dejan lugar a dudas.
El comportamiento de la varicela en 2026 ha sido preocupante desde el primer mes del año. Con corte a la semana epidemiológica 4, correspondiente al 31 de enero, el Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica (Sinave) registró 116 personas contagiadas en Yucatán, una cifra que contrasta con los 57 pacientes reportados en el mismo periodo de 2025: un alza del 103.5 por ciento. Al cerrar marzo, el acumulado ascendía a 399 casos —la cifra más alta para ese período desde 2021, según reportes de la Secretaría de Salud. Para la primera semana de abril, el estado sumaba 452 contagios, con 53 nuevos casos en una sola semana, prácticamente el doble del ritmo registrado en el mismo lapso del año anterior. Al cierre de la semana 12, correspondiente a mediados de abril, el acumulado superaba los 561 casos.
Y falta lo peor
El último dato oficial disponible en fuentes públicas corresponde a ese corte de mediados de abril. Sin embargo, los especialistas advierten que los meses de mayo y junio son históricamente los de mayor transmisión, lo que sugiere que el acumulado actual supera esa cifra de manera significativa. Para tener el dato preciso de las semanas más recientes, la Secretaría de Salud de Yucatán es la fuente oficial a consultar.
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La relación entre lluvia y enfermedad es directa y verificable. Con el incremento de la precipitación pluvial, la gente que sale a trabajar o a la escuela corre el riesgo de mojarse y enfermarse, lo que impulsa el contagio de infecciones virales respiratorias que ya circulan todo el año. El agua que cae, a pesar de que hay calor, es agua fría, y eso es lo que favorece el contagio de infecciones respiratorias. Un niño enfermo puede contagiar a sus compañeros antes de que aparezcan síntomas visibles, lo que convierte las aulas en espacios de transmisión silenciosa.
Vacuna restringida
La varicela suma además un factor de vulnerabilidad estructural: la vacuna contra este virus no forma parte del esquema universal de vacunación en México. Su aplicación se limita a grupos de riesgo y espacios como guarderías. En el sector privado, la dosis cuesta entre 900 y 1,500 pesos, según la clínica, lo que deja a miles de familias sin acceso a la principal herramienta de prevención disponible. El incremento de contagios está ligado, según infectólogos de la región, a esa brecha en la cobertura y al relajamiento de las medidas de aislamiento escolar.
El escenario se agrava por las condiciones climáticas del mes. El Gobierno del Estado emitió el Decreto 191/2026 el 1 de junio para suspender actividades gubernamentales y escolares ante lluvias atípicas, reconociendo el nivel de riesgo extraordinario. Las inundaciones no solo afectaron infraestructura: también crearon condiciones ideales para la proliferación de mosquitos y la diseminación de patógenos en zonas donde el agua estancada permanece en patios y recipientes abandonados.
Dengue, bajo control
En ese frente, las autoridades muestran resultados concretos. Yucatán registró una reducción del 87.8 por ciento en los casos de dengue respecto al mismo periodo del año anterior, resultado atribuido a fumigación, control de criaderos y liberación de mosquitos con la bacteria Wolbachia. El 8 de junio, la Secretaría de Salud lanzó una campaña de fumigación masiva que abarcará los 106 municipios del estado ante el aumento de condiciones favorables para la reproducción del mosquito Aedes aegypti.
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Sin embargo, los especialistas advierten que la confianza en esos números no debe llevar a bajar la guardia. Investigadores del Centro de Investigaciones Regionales “Dr. Hideyo Noguchi” de la UADY señalaron que el uso continuo de un mismo insecticida favorece la aparición de resistencia en mosquitos, por lo que se realizan monitoreos periódicos para verificar la eficacia de los productos utilizados. A esto se suma un hallazgo preocupante: en 2024 se documentó por primera vez en América continental la presencia del mosquito Aedes vittatus en la zona de Chichén Itzá, y posteriormente se reportó en otros puntos del estado.
Dos rostros del problema
El panorama sanitario de este inicio de temporada lluviosa muestra, entonces, dos caras. Por un lado, la estrategia estatal contra el dengue arroja resultados reconocidos a nivel federal. Por otro, las enfermedades prevenibles por vacunación —varicela e influenza— siguen propagándose en las aulas sin que exista un protocolo escolar claro y estandarizado para contenerlas.
Las familias yucatecas reciben circulares que piden cubrebocas, sin más contexto sobre el alcance real de los brotes. En un estado que aspira a ser referente sanitario regional, la prevención básica en las escuelas sigue siendo una deuda pendiente con los niños y sus padres.