A 41 años de su construcción, los locatarios del tradicional “Mercadito de Morelos” enfrentan no solo el deterioro natural del inmueble, sino también la fuerte competencia del comercio informal instalado en el “Tianguis El Joloch”, situación que, aseguran, ha impactado directamente en sus ventas y en la permanencia de los negocios establecidos.
De nombre oficial “Mercado Presidente Venustiano Carranza”, el espacio comercial registra actualmente un promedio de 20 locales abiertos, mientras que más de 30 permanecen sin operar.
Esta baja ocupación ha provocado que los propios comerciantes reconozcan que su principal punto de atracción son las carnicerías, pues cuando estos giros no abren, la afluencia de clientes disminuye de manera considerable.
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Aunque los locatarios aceptan la necesidad de una remodelación integral del inmueble, las comerciantes doña Rosi, Ana María y Elsy Sosa coincidieron en que la principal exigencia no es solo la rehabilitación del mercado, sino la regulación del comercio en el “Tianguis El Joloch”, petición que —aseguran— han presentado en múltiples ocasiones ante el Ayuntamiento de Campeche sin obtener una solución definitiva.
Las locatarias aclararon que no están en contra de la venta de ropa de segunda mano ni de artículos reutilizados, actividades que consideran la base del tianguis, sino de la presencia de vendedores provenientes de otros mercados o giros ajenos, lo que, afirman, les resta clientela y limita su capacidad de competencia.
“Si quieren dónde vender, aquí hay locales sin operar. Eso es lo que necesitamos y siempre hemos dicho: que se regularice lo que se vende en el Tianguis El Joloch”, expresaron.
Historia del mercado
El “Mercadito de Morelos”, ubicado en una zona de alta densidad poblacional del municipio de Campeche, fue inaugurado en 1985 como un punto estratégico de abastecimiento para las colonias aledañas. Desde entonces, ha sido un espacio fundamental para el comercio local, aunque con el paso del tiempo ha enfrentado el desafío de adaptarse a nuevas dinámicas económicas y al crecimiento del comercio informal.
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En su interior y periferia se comercializan diversos productos, como carnes rojas, pollo, frutas, verduras, granos y diariamente acuden maseras que elaboran y venden productos derivados del maíz desde tempranas horas.
Además, el mercado cuenta con puestos de antojitos, ropa, regalos, artículos de plástico y productos esotéricos, lo que lo convierte en un punto de intercambio diverso, aunque con una afluencia irregular en comparación con años anteriores.