En los pasillos del Ayuntamiento, donde la presidenta Estefanía Mercado acaba de crear y llenar la Secretaría de Gobierno, el nombre de Arturo Castro Duarte vuelve a sonar con fuerza; no es la primera vez ni la segunda, este licenciado en Relaciones Internacionales, originario de Tijuana y avecindado en el municipio desde finales de los 90, acumula décadas de cargos en Gobiernos priístas, morenistas y de transición.
Ahora, con la mira puesta en la candidatura de Morena y aliados a la Presidencia municipal para el 2027, su trayectoria invita a un repaso frío de lo que ha dejado detrás: más posiciones ocupadas que resultados visibles, cambios de chaqueta oportunos y episodios que todavía generan incomodidad.
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Del PRI tijuanense a los puestos en el municipio
Castro Duarte llegó a Quintana Roo en la época de Joaquín Hendricks Díaz. En Tijuana había militado en el PRI desde joven. Aquí se integró a las estructuras del partido tricolor y ocupó puestos clave bajo administraciones priístas: recaudador de rentas del Gobierno del Estado, director general de Desarrollo Social en el Ayuntamiento de Playa del Carmen, delegado de la Secretaría de Planeación y Desarrollo Regional, gerente de la Comisión de Agua Potable y Alcantarillado (CAPA) en la demarcación y subsecretario de Educación en la zona norte.
También fungió como representante del Gobierno del Estado en Ciudad de México en algún momento. En todos esos años de priísmo local y estatal, Playa del Carmen creció a ritmo acelerado por el turismo, pero los problemas estructurales de agua, drenaje, colonias sin servicios básicos y presión sobre la infraestructura no se resolvieron de raíz.
CAPA, en particular, ha sido históricamente una de las dependencias más cuestionadas por desabasto intermitente, fugas y quejas ciudadanas recurrentes; la gerencia de Castro no figura en los recuerdos colectivos como el periodo que transformó el servicio.
Saltó a Morena y apoyó a la oposición
En el 2016, cuando el Partido Revolucionario Institucional (PRI) se desmoronaba a nivel nacional y local, Castro Duarte entregó su renuncia al partido y entró a Morena, alineándose temprano con el movimiento de Andrés Manuel López Obrador.
En el 2017 y 2018 buscó la candidatura a la alcaldía de Playa del Carmen y luego a la diputación local por el Distrito X, lo que no prosperó y Laura Beristain se quedó con la postulación municipal. Entonces Castro dio otro giro: ofreció su estructura y apoyo a Cristina Torres, la candidata de la alianza PAN-PRD-MC que buscaba la reelección.
En entrevistas de la época dejó claro que no se sentía comprometido con los candidatos locales de Morena porque, según él, estaban alejados de los intereses de Playa del Carmen.
Votó por AMLO en lo federal, pero en lo local se fue con el frente opositor, un movimiento que ilustra con claridad la flexibilidad política del personaje.
La frase de la “traición” que todavía pesa
Hay un episodio anterior que sigue rondando. En el 2006, según reportes de la época y su propia confirmación posterior, Castro Duarte le dijo a Carlos Joaquín —entonces candidato panista al Gobierno del Estado— una frase que el propio Joaquín recordó años después en un mitin: “La traición en Tijuana se paga con muerte”.
Castro Duarte matizó que lo dijo en el contexto de la violencia del crimen organizado en la frontera, no como una amenaza política directa, pero, aun así, la frase quedó registrada y habla de un estilo que no rehúye la dureza cuando se trata de lealtades.
Pugnas en el Congreso y reinstauración exprés
Ya dentro de Morena, en octubre del 2019, la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso del Estado lo nombró Secretario General de la XVI Legislatura, el nombramiento no fue limpio, hubo forcejeos internos y el coordinador de la bancada, Édgar Gasca, intentó imponer otro perfil y terminó colocando a operativos cercanos a Marybel Villegas en Subsecretarías, mientras Castro Duarte se quedó en el cargo principal.
En febrero del 2020, en medio de lo que se describió como “canibalismo total” entre morenistas, la presidenta de la Jucopo, Reyna Durán, lo destituyó por unas horas. El argumento que se filtró fue la firma de contratos de publicidad oficial con medios de Playa del Carmen de manera irregular, pero una llamada desde arriba lo reinstaló de inmediato.
Castro Duarte negó haber renunciado o sido sustituido y se fotografió disfrutando la puesta de sol desde su oficina, por lo que el episodio quedó como muestra de las pugnas por el control de recursos y cuotas dentro del propio partido
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El funcionario de siempre que carece de sello propio
Después de su paso por el Legislativo, regresó a Playa del Carmen como representante del Gobierno del Estado, coordinó la campaña de Estefanía Mercado en el 2024 y encabezó el equipo de entrega-recepción con la administración saliente de Lili Campos.
Ahora, con la creación de la Secretaría de Gobierno municipal —aprobada en el Cabildo en abril y ocupada por él en los meses siguientes— se consolida como uno de los hombres fuertes del nuevo Gobierno. Desde esa posición, y con la cercanía a la alcaldesa, proyecta su aspiración para el 2027, aunque será rival de su jefa.
En redes y en conversaciones locales, Castro Duarte se presenta como militante de la Cuarta Transformación desde antes de que AMLO ganara, comparte fotos antiguas y mensajes de unidad; sin embargo, el historial muestra un político que ha sabido leer los cambios de viento: del PRI sólido de los 90 y 2000, al Morena en ascenso, con un desvío temporal hacia el frente opositor cuando no le tocó candidatura, y de regreso al redil cuando las puertas se abrieron otra vez.
En ninguno de los cargos que ocupó se le reconoce un sello de transformación profunda, en los que Desarrollo Social, CAPA, Educación zona norte, Secretaría General del Congreso, representación estatal: posiciones de administración y control, no de grandes obras o cambios estructurales que la ciudadanía recuerde con claridad.
En el poder municipal y con la vista en el 2027
Hoy, como Secretario de Gobierno de un municipio que enfrenta inseguridad, deficientes servicios, crecimiento desordenado y presión turística, Castro Duarte se coloca en la línea de sucesión natural.
La pregunta que queda en el ambiente de Playa del Carmen no es si tiene experiencia en el aparato de Gobierno, sino qué resultados concretos puede mostrar después de tantas administraciones y partidos, y si el perfil del acomodaticio de larga data es el que el municipio necesita para los próximos años.
Los hechos de su trayectoria están a la vista. El resto lo dirá la contienda interna de Morena y, eventualmente, las urnas del 2027.